Las termas
Pocos ríos y muchas termas... eso es lo que encontramos en el territorio comprendido entre Val d'Orcia y Valdichiana.
Desde siempre, muy unido a las aguas, le ha ofrecido al hombre condiciones de vida óptimas. La misma via Francigena, desenredaba su trayecto rozando la humeante piscina de Bagno Vignoni y las escolleras calcáreas de Bagni San Filippo (localidad que desde entonces era frecuentada por personajes ilustres y una multitud de peregrinos). Cada pueblo conserva una relación directa con los manantiales termales: en todos lados se han encontrado huellas de termas antiguas, como en San Casciano dei Bagni, y naturalmente en Chianciano.
Esto lo demuestran significativos hallazgos de restos provenientes de una construcción termal de época de los romanos y de un templo etrusco dedicado a una divinidad de las "aguas saludables", hoy conservados en el Museo Archeológico de la ciudad. Después de la caída del Imperio Romano, durante todo el alto medioevo, el interés por las termas disminuyó, para volver recién en el siglo XIV y permanecer vivo e inalterable en el tiempo, como lo demuestran las numerosas estructuras nacidas alrededor de los manantiales.
El mismo Fellini ha hecho crecer hoteles, parques, negocios y lugares de entretenimientos alrededor de los manantiales del Agua Santa y de Santa Elena, inmortalizando a Chianciano Terme. A solo 3 kilómetros de Chianciano, en la fracción de Sant'Albino, encontramos las Termas de Montepulciano, a la vanguardia en la búsqueda y aplicación de tratamientos termales.
Trasladándonos completamente a la Valdichiana, encontramos las aguas sulfuradas de Rapolano Terme y por último, la gigantesca piscina termal de Sarteano.

